Equilibrio, patrones motores y patinaje


Cualquier actividad física con desplazamiento es relevante en sus aportaciones al desarrollo o fortalecimiento y mantenimiento de los patrones motores. Sin embargo, el patinaje, por sus características y necesidades biomecánicas, ofrece valores añadidos en el desarrollo de la fuerza y el equilibrio

Estudios como Inline skating for balance and strength promotion in children during physical education lo avalan siendo ya parte del contenido curricular en educación física de muchos planes de estudio.

En la siguiente entrada profundizamos en los patrones motores y la influencia del patinaje en su desarrollo, mantenimiento y fortalecimiento por su incidencia en el equilibrio.  El equilibrio es el patrón fundamental o piedra angular en los patrones motores al ser necesario en la locomoción, la manipulación de objetos y sus combinaciones motrices. No es posible caminar sin equilibrio ni lanzar una pelota.

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    Sobre el equilibrio en el ser humano




    El equilibrio es uno de los mayores retos que el ser humano afronta durante su desarrollo debido a nuestra posición erguida. En comparación con el resto de animales nuestro sistema locomotor debe superar mayores dificultades para asegurar el balance de nuestro tren superior (anterior en los animales) en todos sus ejes y planos de movimiento. 

    Igualmente, el tipo de vida sedentario nos lleva al debilitamiento de todos los sistemas que intervienen en el mismo. Si tenemos en cuenta que nuestro estilo de vida moderno es contrario a la necesidad que tenemos de entrenar y mantener estas habilidades evolutivas, no es de extrañar el incremento de los accidentes por caídas en el mundo (Bad balance: why dangerous falls are on the rise around the world) Nuestro estilo de vida actual no enseña, entrena ni mantiene una de las adaptaciones evolutivas más importantes y necesarias para nuestra supervivencia.

    El equilibrio podemos definirlo como la capacidad de mantener el centro de gravedad dentro de la base de sustentación del cuerpo. Sin embargo, el ser humano no se desplaza de esta manera: aprovecha las fuerzas e inercias que los pesos que cada parte de nuestro cuerpo genera con cambios de posición y trasladando el centro de gravedad en las tres dimensiones de forma dinámica. En el desarrollo infantil e incluso ya de adultos descubrimos todas sus posibilidades, buscamos los límites de éste y exploramos los factores que lo aumentan o disminuyen.

    Desde el punto de vista de la educación física se distingue entre el equilibrio estático - capacidad para mantenerse de forma erguida sin desplazarse - y el dinámico - capacidad para mantener la postura deseada con cambios constantes de posición. La definición de estático es casi teórica porque son muy pocas las ocasiones en que se da. Incluso sin desplazamiento el cuerpo corrige constantemente la postura. 

    Dicho de otra manera, erguidos nuestro equilibrio es siempre inestable en mayor o menor medida y requiere constantes ajustes y reajustes. Si bien las capacidades físicas básicas son fundamentales, son las perceptivas, psicológicas y motrices en un trabajo constante de coordinación de varios sistemas las que determinan nuestras habilidades para el equilibrio. 

    Desde el punto de vista fisiológico disponemos del sistema vestibular y el reflejo miotático. Gracias a la biomecánica corregimos los efectos de la gravedad modificando los apoyos e incluso la distribución de los pesos para acometer compensaciones que nos garanticen la estabilidad. La vista, la audición, los receptores cutáneos y musculares para la planta de los pies, etc. todo un conjunto de sensaciones propioceptivas y exteroceptivas que intervienen en el control de nuestro cuerpo al completo para evitar la pérdida del equilibrio y las caídas.

    En definitiva, la conducta perceptivo-motriz del ser humano desde el punto de vista psicológico (psicofísica) para mantener el equilibrio supone una adaptación evolutiva diferenciada al complementar nuestra particular anatomía con capacidades físico-químicas particulares.

    Puesto que en la posición de pie sin desplazamiento nos encontramos en una oscilación contínua con la permanente dinámica de ajustes y reajustes, el aprendizaje y automatización mediante el entrenamiento para evitar acciones indeseables, así como liberar la atención para realizar movimientos más complejos e incluso la toma de decisiones, es fundamental en la prevención de accidentes.

    Ahora bien, ¿dónde está la clave de nuestro equilibrio dinámico y desplazándonos? Para corregir las oscilaciones de nuestro centro de gravedad requerimos la compensación de las fuerzas que podemos generar con nuestro tren superior e inferior, y el enlace entre ambos es lo que denominamos core (núcleo). El control de nuestro equilibrio radica en la coordinación de nuestro tren superior e inferior, el apartado más complicado de la psicomotricidad humana. A esta zona se le denomina lumbo-pélvica e incluye la zona baja de la espalda y la zona abdominal. Aunque debemos tener siempre en cuenta que todo nuestro cuerpo está conectado e intervienen las zonas conectadas también. De hecho, mover un dedo del pie influye directamente en nuestro equilibrio y estabilización.

    La práctica de deportes como el patinaje, que de forma divertida enseñan, entrenan y fortalecen la coordinación entre el tren superior e inferior son un seguro frente al riesgo de accidentes o caídas. Otra de sus ventajas es que, salvo algunas disciplinas avanzadas, no supone impacto en articulaciones siendo muy recomendable para personas con ciertas patologías e incluso la recuperación ante lesiones de otros deportes.

    Todos los sistemas mencionados deben funcionar de manera coordinada engranando su trabajo integrado con los años de desarrollo, su fortalecimiento y mantenimiento.

    El desarrollo de los patrones motores

    Una persona ha adquirido un patrón motriz maduro cuando es capaz de ejecutar un movimiento fluido y coordinado. Si bien se considera que los patrones maduros se adquieren durante la infancia, se entiende que son los referidos a la psicomotricidad en el contexto de la vida diaria. Incluso los patrones motrices maduros de acciones sencillas como la carrera o el salto puede no adquirirse durante la infancia sin el desarrollo adecuado.

    Los patrones motores fundamentales - serie de movimientos organizados en una secuencia espacio-temporal concreta - como correr, saltar, lanzar, golpear, atrapar, patear, etc. son las capacidades motrices para cuyo desarrollo disponemos de una base de herencia genética. El ser humano desde que nace se mueve y cualquier alteración en el movimiento humano generará una alteración mental, y viceversa.




    Partiendo de las leyes céfalo-caudal y próximo-distal, a partir de los dos años aproximadamente las tendencias en el desarrollo de orientan a la obtención de capacidades motrices para la autonomía.  Es a partir de los 7 años cuando se observa la entrada en juego de las habilidades motrices complejas, como son las deportivas. Para la adquisición de estos patrones motrices maduros es necesaria la base: el desarrollo adecuado de los patrones motores fundamentales durante el estadio elemental. 

    Por supuesto, los rangos de edad que establecen los expertos en psicología evolutiva son aproximados y varían con los factores internos y externos de cada individuo. Igualmente, la vitalidad de los propios niños les lleva a investigar nuevas experiencias para sentir nuevas sensaciones. Siempre habrá un sexto sentido, el que debemos alentar, que les lleve a descubrir nuevos comportamientos motores e intelectuales.

    El desarrollo de los patrones fundamentales no sucede "naturalmente". Aunque existe una herencia genética que nos predispone, el contexto medioambiental y sus factores, el feedback, la imitación, el sistema de aprendizaje de ensayo y error y toda una suerte de factores internos y externos determinarán el nivel de desarrollo del conjunto y cada uno de ellos individualmente.

    Se distinguen tres grandes grupos de habilidades fundamentales desde un punto de vista analítico y exclusivamente clasificatorio, puesto que rara vez los niños las desarrollan o practican de forma individual y siempre existen combinaciones de ellas. De hecho, es correcto afirmar que para ejecutar cualquiera de las relacionadas con la locomoción o los objetos las vinculadas al equilibrio siempre están presentes.



    No es posible la ejecución fluida y coordinada de habilidades fundamentales de locomoción o tratamiento de objetos e instrumentos en movimiento sin el control del equilibrio (postural, estático o dinámico) para dominar o superar el efecto de la fuerza de la gravedad. El patinaje potencia el desarrollo de los patrones motores del equilibrio, que además son sustento de los de la locomoción y el control de objetos.

    En el estadio maduro del desarrollo de habilidades motrices se distinguen también periodos o fases con saltos de relevancia. La etapa de los 7 a los 10 años, se caracteriza por la estabilización, fijación y refinamiento de de los movimientos básicos, los fundamentales del estadio anterior. Es decir, se depuran y eliminan sincinesias. A partir de los 11 años aproximadamente es notable el cambio que se produce con la capacidad de refinar patrones secuenciales de mayor complejidad o especificidad. La etapa de inicio de las denominadas habilidades especializadas, a partir de los 13 o 14 años, coincide con el cambio de predominio del sistema propioceptivo respecto al visual de las etapas anteriores. 


    Etapas de desarrollo del equilibrio en los niños



    No es casualidad que las etapas de desarrollo del equilibrio en los niños coincidan con las que se establecen en el desarrollo los patrones motores, ni que cada vez sean más los científicos y educadores que propongan el patinaje en los programas curriculares de educación física.

    Los beneficios del desarrollo del equilibrio en los niños son indudables por tratarse de una de las diferencias evolutivas del hombre. El correcto desarrollo del mismo será una fuente preventiva de enfermedades y accidentes hasta la senectud.

    Sin embargo, su estimulación y refuerzo también incluyen su influencia en la capacidad motriz, cognitiva, emocional y social. La capacidad de adoptar la posición bípeda es paralela a la maduración del sistema nervioso y neuronal. Si bien cada niño tiene sus propios ritmos de desarrollo y las edades son aproximadas, el dominio del equilibrio estático - permanecer en pie - comienza a partir del primer año hasta concluir con la etapa infantil (5 - 6 años). A partir de esa etapa comienza el desarrollo del equilibrio dinámico hasta alcanzar sus máximas posibilidades coincidiendo con la consolidación del sistema nervioso y neuronal en el inicio de la pubertad.

    Entendiendo el equilibrio como la capacidad de mantenerse o desplazarse durante la realización de otras tareas, entre las que podemos incluir la observación y la exploración del mundo, es indudable la necesidad imperiosa que tienen los niños de desarrollarlo para descubrir e interactuar con el entorno de forma individual y grupal. Su integración con el entorno y los grupos sociales será mayor cuanto mas desarrolle el mismo. Al mismo tiempo, su capacidad para interactuar en y con el entorno con seguridad mejorará su autoestima y ampliará los límites de su zona de comfort disfrutando de más experiencias, y la consecuente creación de nuevas conexiones neuronales.

    Para el control del equilibrio estático o dinámico - nos referiremos a ambos indistintamente por considerar que realmente no existe el estático puro - intervienen el sistema exteroceptivo y el propioceptivo sin olvidar el enfoque interoceptivo. El sistema central debe interpretar las señales de todos ellos y tomar decisiones para asegurar el equilibrio, la estabilidad, y evitar caídas o accidentes

    Pues bien, del entrenamiento de todos ellos a través de la actividad física deriva en la automatización de todas permitiendo la ejecución o el mantenimiento del equilibrio a la vez que se realizan otras tareas conscientes. Es decir, mediante el trabajo específico y la estimulación de estas capacidades vinculadas al equilibrio, conforme a las etapas de desarrollo, para la creación de conexiones neuronales ampliaremos las posibilidades de evaluación y toma de decisiones conscientes o también automatizadas en movimiento.

    Si quieres saber más sobre estos sistemas te recomendamos leer Propiocepción, sistema vestibular y cinestesia.

    Partiendo de que es a partir de los 3 años cuando un niño toma conciencia de sí mismo reconociéndose frente a un espejo, en paralelo desarrolla su percepción corporal en el sentido cinestésico. Es decir, no lo hace en el sentido de la aceptación e integración social, que es una cuestión de edades superiores. Toma conciencia de su espacio interno con el esquema corporal, la lateralidad, la relajación y el control postural para poder dominar el espacio externo como consecuencia.

    Es a partir de los 4 años cuando los niños muestran mayor actividad y seguridad motriz siendo capaces de imitar los movimientos que ejecutan otras personas (monitores o entrenadores) y aumentan considerablemente su capacidad para mantenerse sobre un solo pie. (Edad mínima para empezar a patinar)

    Llegados a este punto y sin extendernos o profundizar en los detalles físicos, fisiológicos o psicológicos conviene aclarar lo que no suele analizarse en publicaciones ni estudios con el debido detalle sobre el equilibrio infantil: el equilibrio, como la capacidad de superar o dominar los efectos de la fuerza de la gravedad, debe desarrollarse en el sentido longitudinal y transversal con todo su componente tridimensional e incluso añadiendo el tiempo o el desplazamiento como otra de las fuerzas influyentes. (Nota: Nos referimos a los planos o direcciones de desplazamiento, no a los Planos y ejes del Sistema locomotor)

    Hasta los 6 años los niños no afrontan el reto del equilibrio transversal salvo aquellos cuyo desarrollo sea superior a la media. Con equilibrio transversal nos referimos a desplazar el centro de gravedad sobre la vertical del plano longitudinal de desplazamiento o incluso exterior. Es decir, la tendencia será siempre, por reacción instintiva de seguridad, la de mantener el centro de gravedad en algún punto intermedio de las dos extremidades inferiores.

    Uno de los valores añadidos del patinaje como actividad física para los niños e incluso los adultos es justo el reto que supone el trabajo de desplazamiento y control del centro de gravedad en el plano transversal, o fuera del longitudinal dicho de otra manera.

    Hasta los 12 años puede parecer que se entra en un periodo único de consolidación de lo desarrollado hasta los 6, como si la curva de aprendizaje o desarrollo se situase en una meseta sin mejoras aparentes. Sin embargo, a pesar de ser menos perceptible, con el trabajo adecuado en su actividad deportiva, además de la fuerza y la experimentación durante el juego, se produce una evolución imprescindible en el ser humano en relación a la coordinación y la psicomotricidad: la independencia del tren superior e inferior.

    No obstante, se pueden diferenciar etapas o ciclos de gran relevancia y aplicación en el patinaje:

    Entre los 6 y 8 años, además de aumentar el tono muscular en movimiento, los niños son capaces de mantener el equilibrio sobre un pie con los ojos vendados. Por lo que podemos considerar que madura la relación y coordinación con el sistema vestibular independientemente de la vista. Se puede trabajar la atención visual a otros elementos del espacio en el juego o la actividad física. Algunos niños ya alcanzan niveles aceptables del ciclo posterior disfrutando de las inclinaciones laterales en movimiento y desarrollan la capacidad de mantenerlas o corregirlas dinámicamente.

    A partir de esta edad, gracias a la independización de la vista, los niños pueden prestar atención a cuestiones elementales de lógica y pensamiento en los juegos de equipo.

    En un segundo ciclo, hasta los 10 años, se mejoran aspectos dinámicos como la recepción de saltos y los reequilibrios. La mejora considerable del equilibrio se debe a la capacidad de modificar la posición del centro de gravedad trabajando los ángulos longitudinales y transversales entre el tren superior e inferior con la coordinación suficiente. Aunque los niños con estimulación o desarrollo temprano a través de actividades físicas específicas, como es el patinaje y las ventajas que ofrece en este sentido, alcanzan este nivel de madurez un poco antes, podemos decir que es en esta etapa cuando las extremidades se abandonan como elemento de reequilibrio.

    De los 10 a los 12 años, la capacidad de entender conceptos teóricos les permite la conceptualización de sus propias dinámicas y los movimientos de equilibrado comienzan a ser analíticos. Es este ciclo cuando podemos iniciar la transmisión de conceptos teóricos en los juegos de equipo si el equilibrio a alcanzado las cuotas necesarias de desarrollo y automatización.

    Es por ello que a partir de esta edad, y porque su fuerza es equiparable a la de los adultos, en la formación y la iniciación a muchos deportes pueden incluirse en grupos de "adultos".

    Matriz de edades y niveles de patinaje



    Aunque los niveles de patinaje podrían establecerse mediante un cuadro o listado de destrezas a modo de checklist, estaríamos obviando numerosos factores particulares de cada alumno. El patinaje en si mismo no es un deporte específico sobre el que podamos establecer una lista secuencial de habilidades o trucos necesarios para ascender de nivel. Si bien la base es similar para todas las disciplinas, las diferencias son sustanciales conforme avanzas, y hasta los métodos de enseñanza o tendencias y sesgos varían según la especialidad de cada entrenador.

    Para el establecimiento de grupos de formación es necesario tener en cuenta también aspectos vinculados a las etapas de desarrollo en los niños en los planos psicológico-cognitivo, socio-afectivo y motriz, no sólo lo que ya saben hacer en patines. En el caso de los adultos los aspectos a tener en cuenta son los mismos puesto que los factores mencionados vienen condicionados por su desarrollo en la infancia además de las vivencias en su madurez.

    La capacidad de atención y de entender conceptos teóricos sufre notables cambios en el proceso de maduración, a la vez que las prioridades y formas de relacionarse con los demás conforme evoluciona su autoconcepto. Si a estas etapas añadimos la evolución de los patrones motrices y el desarrollo del equilibrio la cantidad de combinaciones y grupos posibles crece exponencialmente con el añadido de la diversidad de niveles de patinaje por técnicas y experiencia que se tenga conforme a los años de práctica y capacidades individuales.

    A partir de los 11 años aproximadamente los niños tienen fuerza y capacidad para entender conceptos teóricos similares a los adultos. Los cambios producidos en su crecimiento y maduración suponen grandes diferencias respecto a los de menor edad. Los factores motivadores internos y externos son distintos, así como la autopercepción y prioridades personales, y el cambio en sus capacidades motoras es notable a la vista. Mantener a un niño en un grupo de edad inferior porque acude su hermano o desconocer las características del estadio de desarrollo y capacidades propias de su edad resulta contraproducente en su aprendizaje y estado de ánimo. Igualmente, la maduración psicomotriz permite el trabajo en detalles técnicos y patrones difíciles de acometer con menores, tanto en niveles de iniciación donde se puede incidir de forma más pormenorizada en detalles sobre coordinación como los avanzados donde pueden depurarse técnicas incidiendo en el perfeccionamiento. La diversidad de niveles a tratar no proviene solo de las capacidades de cada deportista. La personalidad es determinante a la hora de disfrutar más de unos estilos o disciplinas.

    El periodo entre los 7 y los 10 años es el que mayor flexibilidad ofrece por el propio espíritu de los niños y los procesos de cambio que se aprecian en ellos. Su espíritu aventurero por descubrir nuevas experiencias y sensaciones es ideal para fomentar en ellos el placer de retar a todo. Una vez que superan los niveles iniciales, y deslizan y frenan con seguridad, la diversidad en la programación y propuestas es fundamental para que conozcan el patinaje como un deporte diverso y divertido. Su capacidad de atención y aprendizaje por imitación posibilita el incremento sistemático y encadenado de ejercicios combinando patrones y habilidades motrices. Es el periodo para transmitir las bases del patinaje en todo su abanico de disciplinas y variantes de cara a posibilitar las habilidades especificas y especializadas en el futuro.

    Si con los peque rollers el gran abanico de posibilidades técnicas posibles es una ventaja, con los micro rollers (4 a 6 años) las limitaciones propias de su nivel de psicomotricidad y los cortos periodos de tiempo que pueden mantener la atención requieren un trabajo más liviano o con menores objetivos técnicos de detalleEducar el movimiento en edades tan tempranas no sólo supone la prevención de accidentes y lesiones relacionadas con caídas cada vez más en aumento debido a los cambios en los hábitos de vida y trabajo. Descubrir las técnicas básicas y elementales del patinaje en este estadio del desarrollo psicomotriz supone grandes ventajas a la hora de abordar un nivel superior (específicas) desde el principio.

    Por todo ello la matriz de edades y niveles sobre la que trabajamos en RND Patinaje tiene en cuenta el tiempo de práctica y las capacidades o potencial propio de cada individuo sin olvidar que el proceso de desarrollo de las personas incluye los planos psicológico-cognitivo y socio-afectivo en su maduración.

    Si bien tener en cuenta aspectos más allá de la edad de cada alumno complica la configuración de grupos, garantizamos un trato personalizado y particular orientado a transmitir nuestros valores y formar en el patinaje más allá de los "servicios de guardería" habituales, con grupos masificados en los que se mezclan alumnos en distintas etapas de desarrollo personal y masificados sin posibilidad de transmitir conocimientos y técnicas específicos.