Citius, Altius, Fortius


Más rápido, más alto, más fuerte

El lema de los de los Juegos Olímpicos de la era moderna se adoptó como expresión del espíritu del movimiento olímpico y la restitución de los juegos de la Antigua Grecia. La frase fue pronunciada por el barón Pierre de Coubertin en la inauguración de los primeros Juegos de la Edad Moderna (1896, Atenas), adquiriéndola de un amigo fraile que la pronunció en un evento deportivo de su colegio en 1881.

Es la época en la que el humanismo alcanza su mayor influencia y reconocimiento o aplicación en la sociedad. Por ende, con la idea de inspirar una perspectiva educativa y moral al deporte, la asunción de la interdependencia entre mente y cuerpo - "mens sana in corpore sano" - y por tanto el empeño en introducir la actividad física como parte de los programas educativos, el lema tiene una proyección social más allá de lo deportivo.

La actitud deportiva con el objetivo de superación y mejora contínua, individual y colectiva, regida por unas normas o reglamentos se interpreta como equiparable a la actitud social necesaria. El paralelismo y la extrapolación de lo deportivo a lo social se refuerza aún más al ser los mismos valores los que deben regir la convivencia. El Centro de Estudios Olímpicos expone estos conceptos desde la perspectiva de la filosofía del Movimiento Olímpico de la siguiente manera recurriendo a lo que grandes pensadores humanistas concluyeron:

El deporte es cultura y generador de ella en sí mismo
  • Las culturas nacen en forma de juego.
  • El juego está presente en el origen de toda cultura. 
  • El hombre crea fundamentalmente jugando.
Y si atendemos a que el deporte es  Juego, educación y superación podemos decir que el olimpismo es una filosofía de vida en los límites del respeto a las normas (El respeto a las normas, el primer valor del deporte). 

Sin embargo, existen otros límites más difusos o subjetivos. El olimpismo moderno se define como el espíritu de culto a la combinación del esfuerzo y la euritmia, la pasión por el exceso y la medida, o la fraternidad entre el cuerpo y el espíritu combinados. El olimpismo rehúye del deporte "profesional" deseando mantener el espíritu de su propio término - "de puerto" del provenzal - como práctica en los momentos de holgazanería y juegos de los trabajadores de la mar (Orígenes del término deporte). De alguna manera considera que deja de ser deporte cuando no se obtiene placer y disfrute de su práctica por ser consustancial al mismo la idea del esparcimiento.

Deseando evitar la promoción del deporte-espectáculo para evitar la pérdida de humanismo y lealtad deportiva la Carta Olímpica establece como uno de los deberes del COI:

"Oponerse a toda utilización abusiva, política y comercial del deporte y de los atletas, así como la de adopción de medidas para evitar que corra peligro la salud de los mismo, colaborando al efecto, con los organismo competentes al objeto de poner el deporte al servicio de la humanidad."

Y con el fin de mantener siempre el espíritu del lema Cituis, Altius, Fortius refiriéndose al hombre en los físico y lo espiritual, trata de establecer que El ideal de la superación olímpica no exige ni requiere la constante mejora de las marcas por el solo y escueto motivo de quebrar un record precedente. El principio olímpico de la superación, presupone y exige que la mejora de un registro, quizá ostentada por el mismo atleta que lo supera, se produzca porque el competidor a través de una preparación sistemática, sea mejor, él mismo, que en tiempos precedentes

"El objetivo del olimpismo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del hombre con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana....apoyando y fomentando la formación de la ética deportiva...velando por el mantenimiento del espíritu del fair play en el deporte y por la erradicación de la violencia”.