Sobre el equilibrio en el ser humano.


Por nuestra posición erguida, el equilibrio en el ser humano es uno de los mayores retos que afrontamos durante nuestro desarrollo. En comparación con el resto de animales nuestro sistema locomotor debe superar mayores dificultades para asegurar el balance de nuestro tren superior (anterior en los animales) en todos sus ejes y planos de movimiento.

En este sentido el equilibrio podemos definirlo como la capacidad de mantener el centro de gravedad dentro de la base de sustentación del cuerpo. Sin embargo, el ser humano no se desplaza de esta manera: aprovecha las fuerzas e inercias que los pesos de cada parte de nuestro cuerpo genera con cambios de posición y trasladando el centro de gravedad en las tres dimensiones de forma dinámica. Por lo tanto, en el desarrollo infantil e incluso ya de adultos descubrimos todas sus posibilidades, buscamos los límites de éste y exploramos los factores que lo aumentan o disminuyen.

Desde el punto de vista de la educación física se distingue entre el equilibrio estático - capacidad para mantenerse de forma erguida sin desplazarse - y el dinámico - capacidad para mantener la postura deseada con cambios constantes de posición. La definición de estático es casi teórica porque son muy pocas las ocasiones en que se da, e incluso sin desplazamiento el cuerpo corrige constantemente la postura. 

Dicho de otra manera, erguidos nuestro equilibrio es siempre inestable en mayor o menor medida y requiere constantes ajustes y reajustes. Si bien las capacidades físicas básicas son fundamentales, son las perceptivas, psicológicas y motrices en un trabajo constante de coordinación de varios sistemas las que determinan nuestras habilidades para el equilibrio. En el artículo Etapas de desarrollo del equilibrio en los niños puedes conocer como estos sistemas se engranan con los años.

Desde el punto de vista fisiológico disponemos del sistema vestibular y el reflejo miotático. Gracias a la biomecánica corregimos los efectos de la gravedad modificando los apoyos e incluso la distribución de los pesos para acometer compensaciones que nos garanticen la estabilidad. La vista, la audición, los receptores cutáneos y musculares para la planta de los pies, etc. todo un conjunto de sensaciones propioceptivas y exteroceptivas que intervienen en el control de nuestro cuerpo al completo para evitar la pérdida del equilibrio y las caídas.

En definitiva, la conducta perceptivo-motriz del ser humano desde el punto de vista psicológico (psicofísica) para mantener el equilibrio supone una adaptación evolutiva diferenciada al complementar nuestra particular anatomía con capacidades físico-químicas particulares.

Puesto que en la posición de pie sin desplazamiento nos encontramos en una oscilación contínua con la permanente dinámica de ajustes y reajustes, el aprendizaje y automatización mediante el entrenamiento para evitar acciones indeseables, así como liberar la atención para realizar movimientos más complejos e incluso la toma de decisiones, es fundamental en la prevención de accidentes.

Si tenemos en cuenta que nuestro estilo de vida moderno es contrario a la necesidad que tenemos de entrenar y mantener estas habilidades, no es de extrañar el incremento de los accidentes por caídas en el mundo (Bad balance: why dangerous falls are on the rise around the world) Nuestro estilo de vida actual no enseña, entrena ni mantiene una de las adaptaciones evolutivas más importantes y necesarias para nuestra supervivencia.

Ahora bien, ¿dónde está la clave de nuestro equilibrio dinámico y desplazándonos? Para corregir las oscilaciones de nuestro centro de gravedad requerimos la compensación de las fuerzas que podemos generar con nuestro tren superior e inferior, y el enlace entre ambos es lo que denominamos core (núcleo). El control de nuestro equilibrio radica en la coordinación de nuestro tren superior e inferior, el apartado más complicado de la psicomotricidad humana. A esta zona se le denomina lumbo-pélvica e incluye la zona baja de la espalda y la zona abdominal. Aunque debemos tener siempre en cuenta que todo nuestro cuerpo está conectado e intervienen la zonas conectadas también. De hecho, mover un dedo del pie influye directamente en nuestro equilibrio y estabilización.

La práctica de deportes como el patinaje, que de forma divertida enseñan, entrenan y fortalecen la coordinación entre el tren superior e inferior son un seguro frente al riesgo de accidentes o caídas. Otra de sus ventajas es que salvo algunas disciplinas avanzadas no supone impacto en articulaciones siendo muy recomendable para personas con ciertas patologías e incluso la recuperación ante lesiones de otros deportes.