Transporte sostenible y patinaje




No incluir el patinaje entre los medios de transporte sostenible de movilidad urbana limita la propuesta de alternativas.

Las diversidad de opciones ha aumentado considerablemente con la aparición de nuevos Vehículos de Movilidad Urbana y la necesidad de regular su uso en las ordenanzas municipales. Las contradicciones, defectos y necesidades de mejora de las normas es inevitable al basarse en contextos y momentos concretos cuyos en usos y costumbres evolucionan. Pero, si se elaboran con prisas a fin de cumplir con hitos o compromisos de carácter más político que realista y práctico, o se requieren debido a cambios sociales rápidos y drásticos por necesidad o modas, las dificultades de aplicación, interpretación y puesta en práctica suelen generar más problemas que soluciones por no adaptarse a la realidad práctica.

Más allá de las reivindicaciones de los ciclistas, que son quienes más han profundizado en el análisis y propuesta de alternativas desde hace décadas, las ciudades requieren adaptarse a los nuevos valores y tendencias o costumbres sociales. Llama la atención como en algunas ordenanzas y debates los patinadores se obvian o en otras la ambigüedad es excesiva sin llegar a definir si se trata de vehículos o peatones.

Las ventajas e inconvenientes del patinaje como alternativa de movilidad urbana sostenible son tantas como la de cualquier otra en el grupo de las que no requieren baterías, evitan los riesgos de las aglomeraciones y contribuyen al ejercicio físico.

El patinaje como medio de transporte sostenible y alternativo es una realidad con dificultades añadidas para su difusión. Es habitual que, quienes utilizamos los patines como Vehículo de Movilidad Urbana, escuchemos argumentos basados en el desconocimiento y concepciones equivocadas o experiencias que nada tienen que ver con la educación vial y la convivencia.