Hidratación en el deporte


Es habitual encontrar artículos en los que se establecen pautas de hidratación sin indicar a qué tipo de ejercicio en cuanto a características personales, intensidad, duración, temperatura, etc. se refieren.

En el caso del patinaje sucede lo mismo hasta el punto de no distinguir entre disciplinas salvo que te adentres en estudios científicos realizados por universidades. De ninguna manera las pautas de hidratación pueden ser las mismas en el hockey, velocidad o resistencia, por ejemplo.  

Además, la sudoración es variable entre personas frente a la misma actividad por cuestiones genéticas, entrenamiento o estado de forma y alimentación. La hidratación debe seguir pautas personalizadas.

El agua, además de tener funciones como la refrigeración, la eliminación de desechos metabólicos, la lubricación de tejidos y articulaciones, el transporte y la absorción de nutrientes, aporta sales y otros componentes con su ingesta al no ser H2O puro. Por lo que, consideramos la hidratación como parte fundamental de la nutrición debiendo estar equilibrada con la dieta. Las necesidades de agua son variables si la ingesta de alimentos es diurética, de alto contenido en azúcares, hidratos, etc. 

Además de aportar el líquido elemento a nuestro cuerpo, al hidratarnos incorporamos electrolitos como el sodio, el cloro y el potasio entre otros. Que, en el torrente sanguíneo sus iones son fundamentales para el intercambio celular formando parte en las reacciones nerviosas y las funciones musculares por mencionar las más directas en relación al deporte.

Por otra parte, mientras que se suele recomendar el agua mineral natural para hidratarnos por no haber sido sometido a tratamientos químicos ni microbiológicos, no debe obviarse que la composición del agua varía según su origen. De hecho, muchas de estas aguas son de mineralización débil o muy débil. Por lo que, podrían no aportar los elementos necesarios en la hidratación dependiendo del patinaje que vayamos a practicar, ni para la vida cotidiana.

Hidratarse es mantener el equilibrio hidroelectrolítico de nuestro organismo

Mientras que a través de la dieta diaria (incluidos los líquidos) podemos mantener este equilibrio y la homeostasis garantizando el funcionamiento óptimo de las funciones de nuestro organismo, durante la práctica deportiva la pérdida de agua y electrolitos es mayor a través de la sudoración y en menor medida la respiración (vapor de agua en la exhalación).

Obviando los casos de deshidratación excesiva que pueden derivar en lesiones por calor e incluso el fallecimiento, el aumento de la temperatura corporal y la pérdida de fluidos como mecanismo termoregulador afecta al rendimiento deportivo

Con la práctica deportiva los mecanismos homeotérmicos de nuestro organismo activan la sudoración y desvían el volumen de sangre a la piel, a la vez que el sistema cardiovascular intenta distribuir sangre a los músculos para satisfacer las demandas de energía aumentando la frecuencia cardiaca. Cuando el flujo de sangre no es suficiente para neutralizar el ácido láctico su acumulación conlleva el uso del glucógeno y la mayor fatiga resultante.

En el caso de la pérdida de minerales (electrolitos) con la sudoración, además de ser necesarios en los procesos de nuestra homeotérmicos mencionados intervienen con distintas funciones y la pérdida de su balance afectan al rendimiento en distintos aspectos llevando a la fatiga muscular, calambres, espasmos musculares, etc. El potasio interviene en los procesos relacionados con el glucógeno. El sodio regula la presión granguínea y favorece la contracción muscular. El calcio interviene en la transmisión de impulsos nerviosos. El magnesio interviene en el uso de las vitaminas, enzimas y proteína. Y el cloruro ayuda a mantener el Ph de la sangre.

Con esta exposición general podemos legar a la conclusión de que la correcta hidratación para la práctica deportiva comienza con una dieta adecuada que fortalezca la capacidad de nuestro organismo, la pre-hidratación para tener llenos los depósitos antes de salir a patinar, el mantenimiento del equilibrio hidroelectrolítico durante el ejercicio y la post-hidratación para recuperar lo perdido.

Ahora bien, establecer pautas y cantidades generalistas sin diferenciar a cada deportista, el deporte que practica, la intensidad de la sesión y otros factores externos como se hace a menudo es pretencioso. De hecho, ¿por qué recuperar lo perdido si, en el caso de habernos hidratado durante la actividad, se supone que hemos mantenido los niveles adecuados? Se entiende que entonces no ha habido pérdidas sin recuperar al mismo tiempo.

El uso de bebidas isotónicas (agua con complementos) es recomendable en determinados contextos, intensidades y duración de la actividad. Si bien se entiende por isotónicas aquellas bebidas que agregan algunos de los minerales fundamentales que hemos mencionado, principalmente el sodio y el potasio suelen incluir otras sustancias orientadas a regular o facilitar aspectos como la absorción y la osmolaridad, así como nutrientes (gasolina) que consumimos para prolongar el rendimiento y la resistencia.

La hidratación se aprende, se practica y se entrena para que nuestro organismo tenga mayor capacidad de adaptación. Pero siempre sin excesos y sabiendo escuchar a nuestro cuerpo. Cuando la sensación verdadera de sed llega ya es síntoma de deshidratación.

Uno de los secretos de Rolly para hidratarse y bien rico, que puedes tomar mientras patinas cientos de kilómetros sin parar es éste.