¿Ruedas paralelas en los patines infantiles?



No, no son recomendables ni los primeros minutos. La base del patinaje en línea es el equilibrio y las ruedas laterales impiden su desarrollo y mejora.

Desde el punto de vista de la dirección del desplazamiento el equilibrio longitudinal se alcanza con la posición adecuada del conjunto del cuerpo. En el caso del equilibrio lateral la coordinación del tren superior e inferior es aún más relevante. 

Las ruedas paralelas impiden que el niño experimente y desarrolle la capacidad de balancear el cuerpo y pesos de una pierna a otra. Aparte del desconocimiento de los fundamentos del patinaje, en muchas ocasiones los padres pensáis que su uso ayudará al niño a superar miedos iniciales, aprender paso a paso, o que evitará posibles lesiones por caídas.

El riesgo de posibles lesiones en los niños es mínimo gracias a su bajo peso y altura además de su mayor flexibilidad. Con las protecciones adecuadas lo llantos en las caídas suelen deberse más al susto o sentimiento desigual respecto a sus compañeros.

El niño con ruedas paralelas traseras no aprenderá paso a paso, porque el primer paso es que desarrolle el equilibrio y adquiera el mínimo de confianza necesaria en sí mismo. Es habitual ver a niños durante semanas con ruedas paralelas sin avanzar en su aprendizaje mientras que los de nueva incorporación en la primera sesión deslizan con mayor destreza.

Los miedos solo se superan afrontándolos. No debemos olvidar que somos nosotros los que transmitimos a los más pequeños el miedo. Un niño no tendrá miedo a unos patines ni a patinar si nosotros le transmitimos la confianza y la ilusión.

La base del patinaje es la conjunción y control de ambos equilibrios (longitudinal y transversal) de forma coordinada.

Lo habitual en niños con ruedas traseras paralelas en los patines es que caminen y no deslicen con ellos al no verse en la necesidad de trasladar y desarrollar el equilibrio a cada pierna intercaladamente, ni requerir que levanten del suelo una de ellas.

Enfrenta al reto a tu hijo, transmítele confianza e ilusión, anímalo en cada tropezón para que se levante y lo intente de nuevo, y lo conseguirá hacer igual que los demás. Tienes la mejora de su autoestima garantizada.